Todos chocamos por primera vez

Tenía 15 años en esa época. La edad en que la relación con los padres transita por el terreno de lo peligroso, con mucho musgo y neblina. Mi viejo hacía muy poco que había comprado el 405. Ya en otras historias conté lo obsesivo que es el Guille con sus autos. Todas las noches los mimaba con su lampazo con kerosene para sacarla la tierrita, ponéle. Justo al lado de la ventana de mi pieza, donde yo respiraba el hedor a combustible y polvo, riquísimo.

 

En fin, decía que tenía 15 años y quería manejar. Ya había aprendido en el 505 de manera que el 405 era pan comido, más corto, mejor posición de manejo, dirección asistida, espejos eléctricos, motoraso, liviano, en fin un lujete. Eran tiempos en que la clase media se podía dar el lujo de tener un auto así, que se yo. Hipotecamos el país  para tener licuadoras. Y bue. Cuestión que una tarde mi mamá tenía que ir a la casa de mi tío, en la otra punta de Córdoba, y mi viejo no la quería llevar porque estaba viendo una de sus ultrarepetidas películas ‘de choros’, que siempre le gustaron. Ví la oportunidad y me abalancé sobre ella como chivo en celo. El Guille podrá haber estado distraído pero no la iba a entregar así de fácil. Decretó que la mejor forma de zanjar esta cuestión era si mi hermano Andrés iba de copiloto, supongo que por el carnet.

 

Casi no me puedo subir al auto de tan ancho que estaba. Jamás había cruzado la ciudad en auto, era un viaje de por lo menos 20 minutos! Creo que cuando sos pendejo, manejar el auto de tu viejo representa lo más cercano a ser grande que se puede conseguir. Y ni hablar de si contaste con la suerte de que en el camino te viera un amigo tuyo, se le caía la boca hasta el piso y uno pasaba con el brazo sobre el marco de la puerta como diciendo ‘qué, por esto te asombrás? Pst… lo hago desde los 3 años, pibe…’

Hice todo bien, fui despacio, puse los cambios justos, guiño al doblar, cinturón de seguridad puesto, mirando por los retrovisores para cambiar de carril, en fin, todo un experto no? Sí, mirá….

19 hs de una tarde de otoño, aproximadamente. Levemente oscuro. Llegando a la casa de mi tío, calle doble mano, venía por mi derecha como corresponde, la casa estaba sobre la mano izquierda, de manera que disminuyo la velocidad, pongo el guiño, miro los retrovisores y empiezo la maniobra. Y entonces un reverendo pelotudo señor inconsciente, se aparece. Así. De la nada. De la noche. Por atrás. En moto. Siambreta 1924.Sin luces. Crash.

El golpe fui limpio, sobre el guardabarro delantero izquierdo. Rebotó y se precipitó contra un árbol de la vereda de enfrente. Matáte. Segundo crash. Me quedé paralizado sin saber que hacer. Inmediatamente mi hermano saltó del asiento del acompañante y me dijo ‘bajáte ya’. Pensamiento rápido el drichi. Yo, menor, sin carnet, en auto nuevo, choque nocturno contra una moto de mierda vieja, tenía absolutamente todo por perder. Nos bajamos del auto de un salto ambos y para mi horror el tipo no venia solo. Tenia una mujer de acompañante. Ambos se levantaron por suerte sin ningun daño serio, la chica solo tenia un rasguño en la frente, producto del golpe contra la vereda.

El Peugeot sí se había dañado. Todo el guardabarro izquierdo había quedado abollado y rayado. También el capot. Yo tenia muchísima bronca encima, porque realmente había hecho todo bien. Tenía ganas de arrancarle la cabeza con los dientes al tipo. Y en eso se acerca ofuscado y lo espeta a mi hermano (por suerte creyendo que manejaba él):

         Como te me vá a cruzá así loco, no vé que vengo sin luces??

 

Si la justicia divina existiera, esta historia debería terminar con un rayo partiéndole la cabeza ahí mismo en ese preciso lugar e instante. O Incrustado contra un colectivo al mejor estilo ‘Destino Final’. Mínimo. Es lo que se merece ante esa frase incoherente, digo yo.

 

Sin embargo eso no pasó. Y para completar el panorama, el señor no tenía carnet, papeles de la moto o seguro, para variar. Nada. No tenía literalmente donde caerse muerto. A llorar al campito.

 

Volver a casa después de eso fue otra historia. Tenía que decirle a mi viejo que le había chocado el 405. Y no iba a ser fácil. Fui pensando todo el camino que decir, como plantear la historia, como retratar lo que en verdad había pasado para demostrar que no tuve la culpa. Todo eso iba pensando y curiosamente el viaje de vuelta se hizo mas corto de lo que me pareció a la ida. Llegamos a casa, me bajé a abrir el portón y lo llamé.

         Pá, vení que te tengo que mostrar una cosa.

         Que pasó?

         Choqué.

         Qué??

         Sí, eso, bah, me chocaron, mirá, acá, una moto vieja sin papeles ni nada me llevó puesto, iba sin luces y cuando…

         Que pasó con la gente que iba en la moto – Me interrumpió.

         Nada, se rasparon un poco pero nada grave.

         Bueno – dijo mi papá.

 

Fin de la charla. Pocas palabras, asi fue siempre mi viejo. Al otro día él tenía que salir y me llamó.

         Sacáme el auto.

         Qué? No, yo no manejo más no quiero que me…

         Sacá el auto te dije! O acaso crees que es la ultima vez que te va a pasar una cosa así? Dale, saca el auto y dejálo estacionado al frente.

 

Con los años me demostró que tuvo razón en que iba a volver a pasar. Una vez con el 405, cuatro años mas tarde, y por tercera vez con mi chevette blanco. Y también una vez más con sus escuetas palabras me había enseñado que del caballo uno sea cae muchas veces, y que simplemente hay que aprender del golpe, volver a subirse y seguir galopando.

4 comentarios

  1. Ja! como siempre sorprendes con tus relatos, ya me habia olvidado de ese momento…por cierto, me debes una…jajaja
    Lo del viejo es totalmente cierto, las que se tuvo que aguantar con nosotros!! y siempre con su espiritu calmado te daba tranquilidad y fuerza para seguir.
    Muy buen post.

  2. No te asustes que esta vez no te traigo ningun premio.
    Leer lo que te pasó me hizo recordar alguna experiencia propia al respecto. En breve la voy a contar. En realidad lo bueno es poder estar para contarlo!!
    Saludos.

  3. Tu viejo, un maestro, ¿no podrías clonarlo? Un beso Graciela

  4. Yo no puedo contar ningun choque propio pero si de copiloto, y la verdad es q es un momento tan raro, tan lleno de sentimientos encontrados, q hasta q reaccionas, ya paso… que vas a hacer…. lo unico importante es tratar de conservar la calma….

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