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Como te llamás?
23 enero 2009

Cuando la ví entrar mi cabeza empezó a buscar todas aquellas frases hechas con las que estamos acostumbrados los hombres a comenzar una conversación. En algunos casos habían funcionado, pero al parecer ya no despertaban el mismo interés. Con el tiempo pasé de recibir un ‘no gracias flaco, vine con mis amigas’ a una descortés mirada de pies a cabeza sumado a un suspiro degradante y risa sin disimular con todo el animo de manifestar su desagrado hacia mi persona.

Mientras maquinaba todo esto, mis pies habían decidido empezar a caminar por su cuenta en dirección a ella y no hacía caso de mi cerebro que aún me decía: ‘pará, todavía no se que le vamos a decir!’

Contagiado por la autosuficiencia de mis pies, mi dedo índice tomo coraje y le tocó el hombro. Se dio vuelta instantáneamente con una sonrisa y me miró directo a los ojos.

Te gusta viajar? – balbuceé

Sí, por? – respondió despreocupadamente

Porque quiero conocer las cataratas y necesito alguien que me cebe mates para no dormirme.

Pude ver como la comisura de sus labios se levantaba en una sonrisa tímida, casi imperceptible, como temiendo mostrar aprobación al diálogo que acababa de pasar. Desvió sus hermosos ojos verdes al piso, avergonzada por no haber tenido el coraje del tan consabido desprecio, y también por no poder contener su risa. En este momento se me vino a la cabeza aquella imagen tan famosa de 1989 que recorrió el mundo: Alemania oriental derribando el muro que había mantenido separado a dos realidades distintas en un mismo país durante 28 años.

Y cuando tenés pensado salir? – me preguntó

Bueno eso depende de que tan rápido puedas armar tu bolso.

Esta vez la carcajada ya no fue disimulada, ni tímida ni escondida. Había reído en serio, había reído con ganas y no sintió deseos de ocultarlo. Por primera vez en mi vida, había decidido no pensar más en las respuestas, y dejar que fluyan.

Tomás dulce o amargo?

Que pregunta! A mi abuelo me enseñó que el mate en el campo se toma amargo, que ese es el verdadero.

Yo le pongo chúker. – La respuesta fue seca y carente de sonrisa.

Pero yo le dije a mi abuelo mil veces, ya no estamos más en el campo, no vés que estas son las llaves de un Peugeot y no de un tractor? – Saqué del bolsillo del jean el llavero que enseñaba un león gruñendo hacia la izquierda.

Ah bueno entonces no hay problema dijo – Y volvió a sonreír – A mi me encantan los Peugeot.

Y a mí los mates con chuker – mentí – Pero más me gustan si lo tomamos de noche viendo las estrellas tirados sobre el capot, al costado de la ruta.

La charla continuó por horas hasta que vinieron sus amigas a buscarla para irse.

Yo te llevo no te preocupes! – No iba a permitir que esos rulos negros con ojos verdes me abandonen por nada del mundo.

Pero vivo en Carlos Paz…

No te dije que me gusta viajar?

Una vez más se rió y se volvió hacia sus amigas y les dijo que yo la llevaría.

Les dije a las chicas que vos me llevás, pero me acabo de dar cuenta que no se como te llamás.

Franco y vos?

Sofía, es cómico que hace 4 horas que estamos charlando y no sabíamos nuestros nombres.

Me reí con el comentario y me aventuré:

Yo no se vos, pero yo jamás empiezo una charla con un ‘como te llamás?’

Por eso mismo todavía estamos hablando y no te corté el rostro.

Y mientras me agarraba de la mano enfilamos para el estacionamiento. Antes de irnos me preguntó:

Entonces, cuando salimos de viaje….