Dura la vida del tercer Genito

– Pedaleá!! – Grita frenéticamente mi hermano mayor.

En ese instante empiezo a sentir una brisa de viento que me revuelve el pelo, pensando para mis adentros que estoy cobrando velocidad. Esto sucede una tarde de verano, ante la atenta mirada de los chicos ‘más grandes’ de la cuadra, mis dos hermanos y algún que otro vecino curioso que ante mi veloz carrera al estrellato miran atonitos mientras fingen regar una planta de plastico. Comencé mi travesía a dos cuadras de mi casa, inocentemente pensando que aún conservada mis rueditas plásticas blancas negras a ambos lados de mi primer bicicleta. Tengo no más de seis años según recuerdo, edad suficientemente importante para dar el ‘gran salto’. Pero volvamos 30 segundos atrás.

– Pendex, te voy a empujar un poco y empezás a pedalear y cuando te suelte el asiento vos le das con todas tus fuerzas, ok?

– Si -alcanzo a balbucear- pero no entiendo porque me tenés que empujar si yo….

A esta altura ya estamos yendo a mucha velocidad y siento un fuerte empujón en la espalda al tiempo que escucho el grito con el que empecé este cuento.

Atónito empiezo a sentir que me voy de lado, algo que jamás me había pasado -si mi bici se mantiene sola- pienso. Error nene, eso era cuando arrancaste en el mundo de los biciclos, pero ahora tus hermanos mayores pensaron que tenian edad suficiente y los dientes duros como para animarte a rodar sin tus bienamadas rueditas. Claro que yo jamás formé parte de esa decisión esta claro, no? El primer síntoma de que todo andaba mal fue la sensación de que la bici no se iba a tener sola, que el suelo se me venía hacia arriba a toda prisa, y que la cara de doña Olga que regaba su jardín parecía algo desencajada, supongo que a causa de lo que ella ya sabía que iba a pasar. Miré fijamente hacia atrás donde un grupo de chicos me alentaba subiendo y bajando cada mano por vez en señal de que pedaleara, y recuerdo que vi algo que me aterró en ese instante: mi hermano no podía mover las manos para alentarme, porque sostenía algo entre ellas: mis rueditas…

Empecé a pedalear con todas mis fuerzas para intentar recobrar el dominio de la bici y poco a poco el vaivén de lado a lado se fue centrando y descubrí que podía andar en línea recta. Como por arte de magia mi miedo se había ahora transformado en alegría y a medida que avanzaba por el centro de la calle me sentía triunfal y superdotado, después de todo había aprendido a andar sin apoyo, asentado solamente en dos ruedas! Mi cara había mutado para transformarse en una amplia sonrisa y mi pecho se había inflado como quien ha conquistado la luna, bueno al menos así lo sentía yo en ese momento. Pedaleé, pedaleé cada vez mas fuerte, cada vez más rápido los árboles, las casas, los autos, todo pasaba por mi lado cada vez a mayor velocidad. Quise que ese momento durara por siempre, que me vieran los vecinos, los otros chicos, mi primer novia vecina, mis viejos, todos! Sonreía para cada lado y saludaba cual Juan Pablo segundo a bordo del papamóvil. 

Y entonces me dí cuenta. Estaba llegando a casa. Esas dos cuadras habían pasado demasiado rápido y mis 15 segundos de fama llegaban a su fin. Quería frenar en casa y llamar a mis viejos para que me vieran, pero frenar no era una maniobra que dominara. Hasta ese momento, hubiera bastado soltar los pedales y dejar que el envión se acabara y mis rueditas mantuvieran la bicicleta de pie, pero eso ya era parte de la historia ahora. De modo que, en esa fracción de segundo que duraron los ultimos treinta metros, mi ingenuo cerebro de niño empezó a pensar en modos alternativos de detenerme. Recuerdo que la unica opción que me pareció viable, era acercarme los más posible al cordón (puesto que no llegaba desde el asiento hasta la calle con mis cortas piernas) e ir bajando la velocidad para finalmente apoyar un pie en la vereda y solucionar el problema. Así de simple me pareció. Já.

El cordón se acercó demasiado rápido, inversamente proporcional a la manera en que yo bajaba la velocidad, de manera que la rueda delantera de mi bicicleta chocó casi de frente con la vereda, en una maniobra tan brusca que mis manos saltaron del volante, perdiendo absolutamente toda chance de poder tomar control de la situación. Después de eso todo fue verde y rojo. Verde por el pasto del cantero de mi vereda. Rojo por la estrellada con que mi cara terminó de frenar la travesía contra el árbol del frente de casa. Cuando todo terminó y logré recobrar el sentido, vi que venía corriendo hacia mí mis hermanos, los chicos, mi mamá que había mirado impotente por la ventana de la cocina como su hijo más chico tallaba la corteza del arbol con su dientes de leche, y mi vecina doña Olga, que sabiamente me había anticipado con su mueca desencajada que esa iba a ser el final de la aventura….

Cuando mi hermano llegó a mi lado soltó un ‘estás bien pibe?’, a lo que respondí:

-É chacashte as dueditash…. – al momento que escupía parte de mi joven dentadura.

Y creo haber visto una mirada de satisfacción en la cara de mi hermano cuando dijo:

– Viste? crecer duele pendex….

4 comentarios

  1. JAJAJA….no podes habernos hecho reir tanto….estamos los dos llorando de la risa… “e chacaste as dueditash” muy bueno pendex!!!

  2. Hola, te he dejado en mi blog el premio “Brillante Weblog 2008”, que me llegó a mi, con la consigna de pasarlo a quien prefieras.
    Saludos.

  3. Buenisimo! Ja!….
    Mi experiencia sin las rueditas tambien tubo sus golpes, pero estaba papá para atajarme…

    Por un ratito me llevaste de vuelta a esa linda etapa donde todo parece posible. Gracias!

    BEsos.-

  4. Muy buena la descripción de la anécdota , y mejor aún el hecho de que hayas vuelto a postear después de tanto tiempo. Graciela

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: