Como te lo digo

– Me fijé en los turnos de la semana que viene y no está mi nombre – Me dice Karina.

Un escalofrío me corre por la espalda, llegó el momento que no estaba esperando. Pero es viernes, y las malas noticias se dan los viernes.

– Vení conmigo que necesito hablar con vos – le digo.

Karina me sigue hasta la salita contigua a la oficina, callada, aunque me parece sentir su respiración en la nuca. Abro la puerta y entro primero, estoy juntando coraje para decírselo.

– Pasá y tomá asiento. Bueno Karina, creéme que no es la parte que más me gusta de mi trabajo pero es mi obligación informarte….

– Qué? no trabajo más…? – me interrumpe. Su voz a esta altura ya se quebró y sus ojos empezaron a humedecerse como cuando escuchamos el himno en un mundial de fútbol, sólo que para mal.

– Sí – le digo – Me dijeron que lamentablemente no pudiste intregrarte del todo a la forma de trabajo de la empresa, no tuviste muy buen trato para con tus compañeros y bueno, no te ajustaste del todo al perfil que necesitamos…. – ensayo estas palabras como si las hubiera dicho toda la vida, aunque en rigor de verdad, me toca hacerlo por primera vez.

– Pero si yo siempre hice lo que me dijeron, incluso cuando no supe algo pregunté y….. – intenta demostrarme lo equivocado que estoy, aun cuando sabe que soy solo el mensajero de la terrible noticia.

– Sí – le digo – sinceramente no sé que puedo decirte, solo lo que me comentó tu supervisor, que hacías las cosas en un modo distinto, propio y no como se te enseñó. – Cuido mis palabras, mido la forma de decirle lo que me veo obligado intentanto por todos los medios no herir sus ya congestionados sentimientos.

– Y ahorá que hago? – balbucea – Yo no puedo estar sin trabajar…. – En este punto la humedad de sus ojos se transformaron ya en gotas cristalinas que descienden por sus mejillas lentamente. La puta que difícil es mirar a los ojos a una persona que llora.

– No, Karina, quedate tranquila. Lo que hacemos en estos casos es avisarle a la gente de la consultora que haga lo posible por rehubicarte en otra empresa. Les decimos que simplemente no te adaptaste a nuestra  (enfatizo esta palabra) forma de trabajo. Pero no les damos malas referencias ni mucho menos. Ellos seguro te consiguen otro trabajo, siempre lo hacen. – Intento sonar lo más confiable posible, lo que le digo es verdad pero lógicamente ella no me escucha, por su cabeza solo resuena el eco de las palabras “no trabajo más…”

Me mira impotente, como pidiendo explicación, sin entender del todo.

– Seguro que algo sale – repito – sólo te puedo dar como consejo que siempre seas proactiva, preguntes si estás haciendo bien las cosas, qué podes mejorar, como podes ayudar….

– Gracias – me dice, pero se que no lo siente.

A veces, mi trabajo es una mierda

7 comentarios

  1. Tenes razón¡¡ Ese trabajo que tenés que hacer es una mierda.
    Y seguro que esa Karina estaba rebuena¡¡¡ (comentario machista)

  2. Por un momento, se senti en el lugar de Karina, y yo que lo pase, la verdad es horrible. Aunque me hubiera gustado que mi jefe fuera atento como vos en ese momento… BEsos.-

  3. Tapi: Lamento romperte la ilusion pero no, Karina no estaba buena, lo cual es irrelevante (lo aclaro para no recibir comentarios en contra!!). Pero comparto en que el laburo de tener que despedir a alguien sigue siendo una mierda, linda o no linda.

    Emi: Creeme que aunque yo por suerte nunca estuve del otro lado, lo siento como si me pasara a mi. Gracias por darte una vuelta.

  4. Seguro tenes ese trabajo de mierda porque vos también necesitas trabajar…es un parásito que vive de nuestras necesidades

  5. Ada: efectivamente para mi desgracia necesito trabajar, pero tambien creo que todos los trabajos tienen su lado oscuro, y alguien tiene que hacerlo. Un saludo.

  6. Hola…¿no sé tu nombre? (Hola Vos, yo Viviana)
    El trabajo -trabar el YO- es una mierda si cumple la premisa anterior, siempre y cuando te convierta en un Sí jefe, en un Escucho y obedezco sr. (con minúscula claro) Pero, cuando el que hace lo que vos hiciste desde un lugar gentil empático y hasta un poco dolido, puede que lo esté haciendo Muy Bien, es más, puede que llegue a ser él mismo el que luego de las órdenes.
    No sólo que el que manda, conduce, dirige, ordena, planifica, observa, evalúa, se evalúa, gratifica, premia y condena, hace la “mierda” que otros no pueden hacer, sino que muchas veces lo que hace, de mierda, no tiene nada. Desde el lugar del Jefe, si se cumple como Función no como trabajo, está el que enseña y también aprende (es por turnos una vez somos enseñantes otras, aprendientes) Todos tenemos que aprender lo hacemos de dos maneras: a) Opción camino largo:
    -tedioso, empecinado, colmado de trabas, repleto de espinas. Las trabas son el orgullo, la sordera y el peor de los casos: la ceguera. Las espinas, la incapacidad de reflexión con destreza para paletearle las culpas a la humanidad.
    b) Opción camino corto:
    -Duele, amarga, retuerce el cerebro, provoca insomnio y gastritis (por la cantidad de termos de mate o jarras de café que tomamos a solas, “mirando” la cagada que nos mandamos encima de la mesa)
    De la opción B salimos resucitados, cuando podemos sacar la cabeza (se puede, todos podemos, hasta los Jefes)
    Un abrazo, continúa así. Nada mal. Sin tacha (diría el I’Ching)
    Vivi

  7. Bueno, está bien Darío. Ya conocés uno de mis pequeños defectos, soy distraída -Tengo peores-
    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: