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Carta desde el menos acá
9 septiembre 2007

Ayer visité a tu esposa. Creeme que te extraña. Por quichinienta vez me contó la historia de como se conocieron. De aquella vez que en morteros hubo un baile, que ella había ido con sus amigas y sus respectivas madres, como se estilaba en la epoca. Se ve que en 1942 no existía la confianza para con las hijas, o tal vez simplemente estaba mal visto, no sé. Me contó paradojicamente que ahora es mejor, que la libertad es buena, mirá vos, la Olga hablando de libertad de la mujer en pleno siglo 21.

Me contó que un un rubio de ojos celestes “muy buen mozo” se le acercó y muy educadamente le pidió que le concediera esa pieza (de baile, supuse), ante la crítica mirada de la nona. Me contó que eras un joven muy amable, atento, correcto y educado. Me contó que vos sabías muy bien quien era ella, porque pasaba todos los días por el frente de la fabrica donde dejaste gran parte de tu juventud. Me contó que días más tarde vos comentarías que ella te gustaba pero que tenía “pretendiente”, y claro, esas cosas antes no se hacían, patearle el asado a alguien no era de caballero.

Ella tenía apenas 17 años, pero como los de antes, al igual que sucede con el dinero cuando hay inflación, no es lo mismo los 17 de1942 que los 17 del siglo 21. Me contó que finalmente hubo otro baile en el que nuevamente te animaste a pedirle que bailara con vos. Me contó que con el paso de los días comenzaste finalmente a visitarla, que llegaste a “las casas”. Que don Boggio te había conocido y le había dado el consentimiento a la Olga para que te siguiera viendo. Que apenas un par de años despues estaría casada con vos y embarazada del Luis. Que a pesar de tener solo 19 años (de los de antes) era madre porque vos “ya estabas establecido”, lo que significaba que a tus 31 años estabas en edad de ser papá.

Y que 37 años más tarde nacería yo.

Aun recuerdo, Juan, como habías fabricado un asientito de madera que se colocaba en el caño del medio de tu bicicleta verde, con la que nos llevabas a pasear a mí y a mis hermanos. Recuerdo tu R12 naranja inmaculado, que habías recibido como obsequio de la fabrica cuando te jubilaste por todo el esfuerzo a través de los años (un auto! como cambiaron las cosas..). Aun recuerdo que de pequeño soñaba con manejar ese R12 que por capricho del destino nunca iba a poder. Aun recuerdo como me arreglabas mis juguetes en tu pequeño taller de la piecita del fondo, en donde tus incansables manos de laburante se daban maña para que mis lágrimas derramadas por un juguete roto, se transformaran en sonrisa interminables cuando volvía a funcionar. Aun recuerdo como me enseñaste a usar el taladro manual, a pura manijita!, y el sacabocado para hacer agujeros en el cuero, y el serrucho, el martillo, la lijadora y otras tantas cosas que aun hoy tenemos guardadas por ahí. Aun recuerdo cuando con tus habilidosas manos decoraste con una “chimenea de piedra” el calefactor de casa, porque los albañiles habían destrozado la pared sin reparo.

Te fuiste demasiado pronto Juan, no tuve la oportunidad de estar con vos cuando tuve mi primera novia, ni cuando aprendí a manejar el 505 a escondidas del viejo, ni cuando terminé el secundario, ni cuando me recibí de la facu. Espero que me hayas visto crecer y que estés orgulloso de mí, porque cuido mis autos como vos me enseñaste, trantando de que brillen tanto como tu r12 naranja (como hacías?). Espero que veas que crecí siendo un buen tipo, que tuve equivocaciones, pero que siempre intenté no defraudar a nadie. Espero que veas que soy feliz, y que voy a tratar de serlo siempre por el tiempo que tenga vida. Espero que sepas que fuiste un ejemplo, y que todos tenemos un poquito de vos adentro.

La Olga te extraña Juan, pero ella está bien, va a estar con nosotros un tiempo más sabés?, porque todavía tiene mil historias más para contarnos, y aunque ya las hayamos escuchado mil veces, ella solo se está asegurando que sepamos quien fuiste, que aunque estés en el más allá, para nosotros desde el menos acá siempre serás inolvidable. 

La cultura a $13 el kilo
8 septiembre 2007

Ayer invertí mi feriado del día del metalúrgico (si bien yo tengo de metalúrgico lo que los políticos de honestos) en un curso sobre legislación laboral, no muy provechoso por cierto. Cuando al mediodía hicimos el corte para el almuerzo, y como no tenía tiempo para volver a comer a casa, me fuí a colesterolizarme al patio olmos. Después de volver caminando a paso lento por la peatonal y doblar en 27 de abril, mientras disfrutaba de un mediodía primaveral, se me ocurrió aprovechar unos minutos extras en pasear por la feria del libro. Y notese bien que dije pasear y no comprar, porque al igual que me pasa cuando voy a un videoclub, me quiero llevar todo.

Un stand, y a disfrutar del desenmascaramiento de nuestros “heroes” junto a los “Mitos de la historia Argentina”, vol. 2 y 3 de Felipe Pigna,. y porque no el vol.1 tambien, que pese a que ya lo leí, no lo tengo porque me lo prestaron. Dos pasos más allá, me pasó igual con el informe de la CONADEP “Nunca Más”, otro que pese a haberlo leído no me molestaría tenerlo entre las filas. Y es que pese a no haber ni siquiera nacido en esa época, esa Argentina de barbaridades sólo se la recuerda con algunas señoras mayores de pañuelo blanco en la cabeza,  gracias a las famosas leyes de “obediencia debida y punto final” de nuestro tristemente célebre ex-presidente turco.

Pero me estoy desviando del tema. Un par de pasos más y me econtré con el vol.2 de los cuentos completos de Isaac Asimov, un futurista de la ostia, cuyo vol.1 me estalló la cabeza en su momento. También ví como algunos gurús del dinero siguen robando a la gente con cosas tales como “Quien se ha llevado mi queso”, “Hagase rico en una semana”, “Aprenda a invertir su dinero y ser millonario” y etc, etc, libros que para mi gusto en realidad deberían llamarse “Aprenda como yo hago mucho dinero gracias a que usted cree que comprando mi libro va a hacerse millonario”. Uno de estos ejemplares que aun no leí es el “Padre rico, padre pobre” en el que según me contaron, están plasmadas todas aquellas cosas que no te enseñan en el colegio acerca del dinero.

Conclusión: no me traje ninguno porque no pude decidirme, una vez más, cual de todos ellos merecía ser leído en primer lugar. Pero mientras seguía divagando sobre si aventurarme en mundos de fantasía, leer sobre nuestra historia o aprender a hacerme rico, escuché el siguiente diálogo:

– ……tipos están locos, despues quieren que la gente se interese por los libros, como va a costar $39 un libro que podés ver la película en el cine por $10?? y tiene efectos especiales y un montón de cosas que un libro no te dá.

– Si, y además después dicen que la carne está cara, pero mirá vos si me voy a comprar uno del Paulo Cohelo ése, si con eso me compro un kilo de vacío a $13…

Quiero aclarar que ambas personas no parecía precisamente muertas de hambre, en cuyo caso entendería el diaólgo porque lo primero es tener la panza llena, eso no lo discuto.

Lo que me sorprendió fueron las comparaciones, el hecho de pensar que un libro a 40 mangos está caro, que es aburrido porque no podés “ver” las superexplosiones hollywoodenses, o porque  preferís comerte un asado con tus amigos a cultivar un poco el espíritu.

Yo particularmente amo la lectura, me parece que es un mundo en el que te sumerjes y empezás a usar tu imaginacion a medida que el autor te lo propone, haciéndote pensar, razonar, imaginar, emocionar, reír (porque no, llorar) y toda otra serie de sensaciones que si bien podés encontrarlas en otro lugar, nunca serán como tu propia mente puede imaginarla. Porque una película la vemos todos igual, pero un libro queda a la propia interpretación de cada uno, y te da infinitos mundo y posibilidades.

El habito de la lectura tenés que mamarlo de pendejo, no sirve que te lo impongan en la escuela secundaria, con el quijote o el martín fierro, o te gusta o no, así de simple. Pero para aquellos que lo disfrutamos, nunca nos va a parecer caro un libro, porque la cultura no se compra por kilo.