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Mas nervios que el osobuco
11 julio 2007

Hoy fue otro día así. Por esta situación he pasado ya tantas veces, que me es imposible contarlas. Y tal como aquella primera vez, todos son nervios. Alquien me dijo alguna vez que sólo sería la primera vez, que las otras ya no iba a sentirme así. Que con el paso del tiempo uno se iría acostumbrando a la situación y que el cosquilleo eventualmente desaparecería. Pero no lo fue. Nunca lo fue.

Recuerdo como si fuera ayer, esa tarde hace muchos años atrás en que me enfrenté con una de ellas por pimera vez. No hay sufienciente preparación para un momento como este. Mis amigos me habían aconsejado relajarme y aparentar tranquilidad. Yo, sin embargo, transpiraba. Lógico, era MI primera vez, no la de ella, eso se notaba a la legua. Era mayor que yo pero conservaba sus formas. Me acerqué despacio, casi como pidiendo perdón cuando escuché me llamó por mi nombre. Lentamente alcé mis manos sudorosas tratando de secarlas con mis propias ropas para que no se resbalara lo que ella me entregaba. Despacio, nos mirábamos, sin hablarnos pero sabiendo lo que pensaba el otro casi tan claro como si fuera un titular de un diario. Se notaba que ella lo disfrutaba, y sin embargo yo no podía sentir lo mismo.

Por gracia del destino a medida que avanzábamos me fui relajando y ella parecio notarlo, porque cambió su tono de voz y su expresión. Me guiaba, me ayudaba en lo que podía y sentía como me tomaba con sus manos cuando yo desviaba el camino. La intensidad fue subiendo de a poco a medida que pasaba el tiempo, el calor aumentaba en la habitación ventilada por un viejo y mugroso ventilador que había perdido su capacidad refrigerante años atrás. Pero a ella no le importaba, se podia  notar que había estado en lugares aún peores, que este era uno más que ni siquiera iba a recordar, que el momento era una rutina a la que no habia elegido someterse. Todo lo que yo podia hacer era reivindicar su trato para conmigo a lo largo de los ultimos meses, haciendole sentir que habia valido la pena aunque mas no fuera el esfuerzo, porque el dinero como ya todos sabian nunca habia sido suficiente.

Ya un cuarto de hora despues de comenzar, cuando el sudor corría vigorosamente por nuestros mejillas, brazos y piernas, la vi arquearse sobre su espalda cuando susurré algo indebido. La vi mirarme casi con furia, que adivinaría que ella desataba con casi todos quienes hubieran de ocupar mi lugar en algun momento. La vi desafiarme con una sonrisa burlona, como haciendome entender quien estaba a cargo de la situacion. El gozo era de ella por completo y yo simplemente era su juguete. Tal vez le contaría o no mas tarde esto a sus amigas. De su dominación, de su castigo para conmigo, de como era capaz de desalentar aun a la más preparada de sus víctimas. Y entonces sucedió. Cuando ya todo parecía encaminado la escuché. Elevó su grito desahogándose en todo su explendor. La ira irrefrenable de la conquista, del poder y de la gloria. Había terminado conmigo, me había usado y destrozado para su propio gozo. Había experimentado una vez más el placer de dominar otro hombre. Había hecho harto honor a su reputación. Y yo era otro número mas en su lista.

Era la primera vez que me bochaban en un examen de la facultad.