Suerte perra

2 julio 2009 - 3 comentarios

Cuenta Don Américo, que allá por el año 1947 ó 1948, no puede recordarlo bien, en su Coronda natal, provincia de Santa Fé, había un gran danés que pertenecía a Don Julio, el almacenero del pueblo. Este perro era muy querido por todos, andaba siempre deambulando por ahí con el cansancio característico de la raza, con el caminar pausado y desinteresado propio de más de un integrante de la comunidad. Cuenta que se llamaba Betún, o por lo menos así le decía todo el mundo porque de tanto andar entre los talleres del ferrocarril siempre estaba untado en grasa. Y el dueño, tal vez un poco por vagancia y otro poco por desidia, nunca se había encargado de corregir a la gente, y dejaba que lo llamaran así, encariñado a la fuerza con un apodo más que acertado.
Cuenta también, que Betún tenía una personalidad muy particular, que no prestaba mucha atención a lo que pasara a su alrededor y que tampoco se dejaba interrumpir en sus lerdos paseos, por mas inoportunos que estos fueran. Casualmente fué esta cualidad la que motivó la anécdota que hoy relato.

En la Argentina de esas épocas, había un grupo de locos que se dedicaba a recorrer las incipientes rutas a bordo de máquinas infernales en una competencia que en nuestros días sigue vigente, aunque de esa pasion irrefrenable hoy solo conserva el nombre. Y dentro de ese grupo de locos, había uno en particular del cual la gente ya empezaba a hablar. Cuenta don Américo que los hermanos Galvez solían decir que Juan Manuel ganaba porque tenía 10km/h de ventaja ‘pero no en el motor, sino acá…’, decían el unísono, mientras se señalaban las muñecas. Y es que esos intrépidos caballeros, se subían a sus cupecitas de 6 cilindros y 90 caballos sin más protección que un gorro de cuero y un par de lentes para frenar el viento y la tierra, desconociendo por completo controles de estabilidad, frenos a discos o efecto suelo.
Don Américo habrá tenido unos 18 años. Y como en el pueblo las emociones escaseaban, el paso del turismo carretera por la ruta 11 generaba grandes expectativas. El y un grupo de amigos, habían tomado posesión de las plateas, es decir de la ramas de los añejos carolinos al costado de la ruta, para ver pasar casi debajo de sus pies el chevrolet ’39 de un tal Fangio echando chispas a 160km/h. Por incovenientes técnicos varios, Juan Manuel venía bastante retrasado desde el norte, por lo que a la altura de Santa Fe corría arriesgando todo para tratar de recortar distancia a los punteros.

Cuando ya empezaba a levantarse el polvo y agitarse los árboles, apareció de la nada Betún. Con su paz interior de siempre, comenzó muy despacito a cruzar la ruta, ante la atónita mirada de los espectadores, que ya miraban al horizonte para ver aparecer al más grande del automovilismo de  todos los tiempos, con las cuatro ruedas apenas rozando el suelo. En vano fueron los gritos de Don Américo y sus compadres intentando hacer mover al perro, que como amo y señor de esos territorios, ininmutable prosiguió su andar. Cuando lo previsible se volvió inevitable, y los gritos se habían transformado en dientes apretados, Betún giró su cara hacia el chirrido de unos frenos a tambor que no tenían la suficiente potencia para frenar la tragedia. Juan Manuel volanteó con suma destreza, aunque no logró evadirlo del todo y lo embistió de refilón, provocando el primer y único aullido que se le conoció en el pueblo al pobre perro, que contra todo pronóstico, un rato más tarde estaba de pie como si nada le hubiera sucedido.
No corrió la misma suerte la cupecita de Juan Manuel, que a causa del golpe pinchó el radiador y tuvo que abandonar unos kilometros más adelante, cuando el castigado motor comenzó a calentar. Enojado, anduvo preguntando por cada rincón quien era el dueño de ese perro inmundo que le había truncado las chances de ganar la ‘vuelta de la republica’, pero ni Don Julio ni mucho menos nadie del pueblo se hizo cargo del pobre Betún, que a partir de esa fecha se convirtió en un personaje tragicómico, bastante resistido por todos y abandonado a la buena de Dios. Sintiéndose rechazado, el can enfiló rumbo al norte, despacito a paso cansado, para nunca más volver.

Cuentan en Coronda, que cuando la gente pasa por debajo de los Carolinos sobre la ruta 11, todavía puede escucharse los aullidos desesperados del alma en pena de Betún, que aun deambula por esos lares. Y que, por las dudas, todos aminoran un poquito la velocidad….

25 verdades sobre mí

3 marzo 2009 - 4 comentarios
  1. La cebolla asada me revienta el estomago, pero NO PUEDO dejarla…
  2. Si no fuera licenciado en Administración, sería corredor de autos, chef o actor porno.
  3. A los 10 años me sacaron de un local en el shopping junto a mi mejor amigo por robar figuritas. Gordo, como lloramos ese día….pendejos de mierda.
  4. En orden de prioridades me gustan: las mujeres, los autos, y los chocolates con dulce de leche.
  5. Hasta los 17 años tuve ambas manos cubiertas de testes, hasta que un día decidí literalmente no tener mas y se me fueron (creer o reventar).
  6. Creo que la bicicleta como medio de transporte debe desaparecer. Nadie en su sano juicio puede disfrutar de romperse el culo, las piernas y transpirar la vida para moverse de un sitio a otro. Me cago de risa Aplaudo a quienes la toman como un hobby ‘desestresante’.
  7. Si se sale la sabana en la parte de los pies inmediatamente me despierto y no puedo volver a dormirme si no la pongo debajo del colchón.
  8. Puedo escribir sin mirar el teclado a una velocidad que asombra, gracias a Zapata (profe de mecanografía del Cora, que nos daba con una regla si mirábamos el teclado o usábamos el dedo incorrecto para cada tecla, un grande!)
  9. A los 18 años viví durante todo un año en Alaska, USA, con temperaturas extremas de -35º (SI, 35 grados bajo cero, leyeron bien), en un pueblito de 30 mil habitantes con 4 hs de sol en invierno, y 20 en verano. Increíble.
  10. Tengo 4 arpones de titano en el hombro izquierdo, producto de un accidente en la moto de mi hermano mayor, que la mayoría de la gente no sabe como fue en realidad porque nunca conté toda la verdad. Ni lo haré ahora. No insistan. Curiosamente no hacen sonar el detector de los aeropuertos. Explicalo.
  11. Prefiero un asado con amigos a estallarme los oídos en un boliche.
  12. Pase un etapa bastante fea de mi autoestima en la que llegue a considerar el suicidio, algo que sobra decir que nunca concrete.
  13. La experiencia mas cercana a la muerte que tuve fue un 9 de diciembre de 2001 cuando dos ladrones entraron a mi casa (estando yo solo) y encontraron el revolver .22 de mi viejo, el cual me lo pusieron en la cien y gatillaron. No estaba cargado.
  14. Si hubiera podido elegir mi nombre me llamaría Franco. Igualmente prefiero Darío a que se yo.……Adalberto, ponele.
  15. A los 15 años choque por primera vez, nada menos que el 405 de mi viejo. Y aunque nadie lo crea, no fue mi culpa.
  16. La cantidad de pelos que tengo en las piernas no se corresponden ni por asomo con la parte superior de mi cuerpo. Algunos piensan hasta que me depilo, lo cual me causa muchísima gracias teniendo en cuenta que soy tan vago que me afeito la cara una vez por mes cuando mucho.
  17. Quisiera que alguien invente un alma para las computadoras, para que puedan sentir la golpiza que le daría cada vez que aparece un frustrante cartel del tipo “el sistema se ha recuperado de un error grave y se cerrara, ningún cambio se de los últimos 15 días será guardado” AAAAAAAGRGRGGGGGRRRRRR!!!!!!!!!!!!
  18. Por algún motivo que desconozco soy incapaz de mantener el pulso fijo, razón  por la cual decidí a temprana edad que no iba a ser cirujano cardiovascular.
  19. Le tengo tanto asco al cigarrillo y soy tan hincha pelotas que hice que mi novia dejara de fumar después de 12 años de hacerlo (yo solo la torturé por los últimos 2 che!)
  20. Hablo inglés con cierta fluidez y aun así no puedo evitar mirar los putos subtítulos aunque mas no sea para criticar al traductor.
  21. Tengo malísima memoria para acordarme de las cosas que me acaban de decir, y sin embargo puedo recitar la lista de alumnos de mi escuela primaria sin ninguna dificultad, o acordarme el nombre de mi primera ‘novia’ de prejardin.
  22. Tomo muchísima agua durante el día pero tengo la vejiga del tamaño de un maní, razón por la cual voy del 1 cada media hora.
  23. Siempre me gusto saber como funcionan las cosas, y de chico le desarmaba a mis viejos las radios, los relojes, las linternas, las calculadoras y todo lo que cayera en mis manos y tuviera tornillos, pero JAMAS lograba volver a hacerlos funcionar. Cachetadas mas tarde, aprendí a poner de vuelta las piezas en su lugar.
  24. Los canales que mas veo son Warner, Sony, Fox, Discovery, y el History Channel..
  25. Debo ser una de los pocas personas que disfruta la magia y NO quiere saber como se hace el truco.

 

Todos chocamos por primera vez

3 marzo 2009 - 4 comentarios

Tenía 15 años en esa época. La edad en que la relación con los padres transita por el terreno de lo peligroso, con mucho musgo y neblina. Mi viejo hacía muy poco que había comprado el 405. Ya en otras historias conté lo obsesivo que es el Guille con sus autos. Todas las noches los mimaba con su lampazo con kerosene para sacarla la tierrita, ponéle. Justo al lado de la ventana de mi pieza, donde yo respiraba el hedor a combustible y polvo, riquísimo.

 

En fin, decía que tenía 15 años y quería manejar. Ya había aprendido en el 505 de manera que el 405 era pan comido, más corto, mejor posición de manejo, dirección asistida, espejos eléctricos, motoraso, liviano, en fin un lujete. Eran tiempos en que la clase media se podía dar el lujo de tener un auto así, que se yo. Hipotecamos el país  para tener licuadoras. Y bue. Cuestión que una tarde mi mamá tenía que ir a la casa de mi tío, en la otra punta de Córdoba, y mi viejo no la quería llevar porque estaba viendo una de sus ultrarepetidas películas ‘de choros’, que siempre le gustaron. Ví la oportunidad y me abalancé sobre ella como chivo en celo. El Guille podrá haber estado distraído pero no la iba a entregar así de fácil. Decretó que la mejor forma de zanjar esta cuestión era si mi hermano Andrés iba de copiloto, supongo que por el carnet.

 

Casi no me puedo subir al auto de tan ancho que estaba. Jamás había cruzado la ciudad en auto, era un viaje de por lo menos 20 minutos! Creo que cuando sos pendejo, manejar el auto de tu viejo representa lo más cercano a ser grande que se puede conseguir. Y ni hablar de si contaste con la suerte de que en el camino te viera un amigo tuyo, se le caía la boca hasta el piso y uno pasaba con el brazo sobre el marco de la puerta como diciendo ‘qué, por esto te asombrás? Pst… lo hago desde los 3 años, pibe…’

Hice todo bien, fui despacio, puse los cambios justos, guiño al doblar, cinturón de seguridad puesto, mirando por los retrovisores para cambiar de carril, en fin, todo un experto no? Sí, mirá….

19 hs de una tarde de otoño, aproximadamente. Levemente oscuro. Llegando a la casa de mi tío, calle doble mano, venía por mi derecha como corresponde, la casa estaba sobre la mano izquierda, de manera que disminuyo la velocidad, pongo el guiño, miro los retrovisores y empiezo la maniobra. Y entonces un reverendo pelotudo señor inconsciente, se aparece. Así. De la nada. De la noche. Por atrás. En moto. Siambreta 1924.Sin luces. Crash.

El golpe fui limpio, sobre el guardabarro delantero izquierdo. Rebotó y se precipitó contra un árbol de la vereda de enfrente. Matáte. Segundo crash. Me quedé paralizado sin saber que hacer. Inmediatamente mi hermano saltó del asiento del acompañante y me dijo ‘bajáte ya’. Pensamiento rápido el drichi. Yo, menor, sin carnet, en auto nuevo, choque nocturno contra una moto de mierda vieja, tenía absolutamente todo por perder. Nos bajamos del auto de un salto ambos y para mi horror el tipo no venia solo. Tenia una mujer de acompañante. Ambos se levantaron por suerte sin ningun daño serio, la chica solo tenia un rasguño en la frente, producto del golpe contra la vereda.

El Peugeot sí se había dañado. Todo el guardabarro izquierdo había quedado abollado y rayado. También el capot. Yo tenia muchísima bronca encima, porque realmente había hecho todo bien. Tenía ganas de arrancarle la cabeza con los dientes al tipo. Y en eso se acerca ofuscado y lo espeta a mi hermano (por suerte creyendo que manejaba él):

         Como te me vá a cruzá así loco, no vé que vengo sin luces??

 

Si la justicia divina existiera, esta historia debería terminar con un rayo partiéndole la cabeza ahí mismo en ese preciso lugar e instante. O Incrustado contra un colectivo al mejor estilo ‘Destino Final’. Mínimo. Es lo que se merece ante esa frase incoherente, digo yo.

 

Sin embargo eso no pasó. Y para completar el panorama, el señor no tenía carnet, papeles de la moto o seguro, para variar. Nada. No tenía literalmente donde caerse muerto. A llorar al campito.

 

Volver a casa después de eso fue otra historia. Tenía que decirle a mi viejo que le había chocado el 405. Y no iba a ser fácil. Fui pensando todo el camino que decir, como plantear la historia, como retratar lo que en verdad había pasado para demostrar que no tuve la culpa. Todo eso iba pensando y curiosamente el viaje de vuelta se hizo mas corto de lo que me pareció a la ida. Llegamos a casa, me bajé a abrir el portón y lo llamé.

         Pá, vení que te tengo que mostrar una cosa.

         Que pasó?

         Choqué.

         Qué??

         Sí, eso, bah, me chocaron, mirá, acá, una moto vieja sin papeles ni nada me llevó puesto, iba sin luces y cuando…

         Que pasó con la gente que iba en la moto – Me interrumpió.

         Nada, se rasparon un poco pero nada grave.

         Bueno – dijo mi papá.

 

Fin de la charla. Pocas palabras, asi fue siempre mi viejo. Al otro día él tenía que salir y me llamó.

         Sacáme el auto.

         Qué? No, yo no manejo más no quiero que me…

         Sacá el auto te dije! O acaso crees que es la ultima vez que te va a pasar una cosa así? Dale, saca el auto y dejálo estacionado al frente.

 

Con los años me demostró que tuvo razón en que iba a volver a pasar. Una vez con el 405, cuatro años mas tarde, y por tercera vez con mi chevette blanco. Y también una vez más con sus escuetas palabras me había enseñado que del caballo uno sea cae muchas veces, y que simplemente hay que aprender del golpe, volver a subirse y seguir galopando.

Como te llamás?

23 enero 2009 - 8 comentarios

Cuando la ví entrar mi cabeza empezó a buscar todas aquellas frases hechas con las que estamos acostumbrados los hombres a comenzar una conversación. En algunos casos habían funcionado, pero al parecer ya no despertaban el mismo interés. Con el tiempo pasé de recibir un ‘no gracias flaco, vine con mis amigas’ a una descortés mirada de pies a cabeza sumado a un suspiro degradante y risa sin disimular con todo el animo de manifestar su desagrado hacia mi persona.

Mientras maquinaba todo esto, mis pies habían decidido empezar a caminar por su cuenta en dirección a ella y no hacía caso de mi cerebro que aún me decía: ‘pará, todavía no se que le vamos a decir!’

Contagiado por la autosuficiencia de mis pies, mi dedo índice tomo coraje y le tocó el hombro. Se dio vuelta instantáneamente con una sonrisa y me miró directo a los ojos.

Te gusta viajar? – balbuceé

Sí, por? – respondió despreocupadamente

Porque quiero conocer las cataratas y necesito alguien que me cebe mates para no dormirme.

Pude ver como la comisura de sus labios se levantaba en una sonrisa tímida, casi imperceptible, como temiendo mostrar aprobación al diálogo que acababa de pasar. Desvió sus hermosos ojos verdes al piso, avergonzada por no haber tenido el coraje del tan consabido desprecio, y también por no poder contener su risa. En este momento se me vino a la cabeza aquella imagen tan famosa de 1989 que recorrió el mundo: Alemania oriental derribando el muro que había mantenido separado a dos realidades distintas en un mismo país durante 28 años.

Y cuando tenés pensado salir? – me preguntó

Bueno eso depende de que tan rápido puedas armar tu bolso.

Esta vez la carcajada ya no fue disimulada, ni tímida ni escondida. Había reído en serio, había reído con ganas y no sintió deseos de ocultarlo. Por primera vez en mi vida, había decidido no pensar más en las respuestas, y dejar que fluyan.

Tomás dulce o amargo?

Que pregunta! A mi abuelo me enseñó que el mate en el campo se toma amargo, que ese es el verdadero.

Yo le pongo chúker. – La respuesta fue seca y carente de sonrisa.

Pero yo le dije a mi abuelo mil veces, ya no estamos más en el campo, no vés que estas son las llaves de un Peugeot y no de un tractor? – Saqué del bolsillo del jean el llavero que enseñaba un león gruñendo hacia la izquierda.

Ah bueno entonces no hay problema dijo – Y volvió a sonreír – A mi me encantan los Peugeot.

Y a mí los mates con chuker – mentí – Pero más me gustan si lo tomamos de noche viendo las estrellas tirados sobre el capot, al costado de la ruta.

La charla continuó por horas hasta que vinieron sus amigas a buscarla para irse.

Yo te llevo no te preocupes! – No iba a permitir que esos rulos negros con ojos verdes me abandonen por nada del mundo.

Pero vivo en Carlos Paz…

No te dije que me gusta viajar?

Una vez más se rió y se volvió hacia sus amigas y les dijo que yo la llevaría.

Les dije a las chicas que vos me llevás, pero me acabo de dar cuenta que no se como te llamás.

Franco y vos?

Sofía, es cómico que hace 4 horas que estamos charlando y no sabíamos nuestros nombres.

Me reí con el comentario y me aventuré:

Yo no se vos, pero yo jamás empiezo una charla con un ‘como te llamás?’

Por eso mismo todavía estamos hablando y no te corté el rostro.

Y mientras me agarraba de la mano enfilamos para el estacionamiento. Antes de irnos me preguntó:

Entonces, cuando salimos de viaje….

Ácido un premio

9 octubre 2008 - 3 comentarios

Es lo que hay

Honestamente, unbelievable. Sabia que mis pocos lectores son fieles, pero esto? Bueno a Tapi gracias, muchas gracias. Snif.

Las reglas de este premio son las siguientes:
– Poner la imagen en el blog premiado.
– Elegir por lo menos otros siete blogs/webs.
– Dejar un comentario en cada uno de ellos informando sobre el premio que se les ha concedido.

Lamentablemente porque algunos son una mierda no tengo tiempo, no leo muchos blogs, asi que no puedo nominar segun las reglas, pero no obstante ello mis DESTACADOS nominados son:

Adriana y Andres de Adri y Andres

Dos Centenas de Camilo

Como si fuera tan facil de La Luna

Paradiso de Emilse

Logólogos de dos genios locos

Historias de encuentros de la Julia (que ya esta ciega de tanto Brillante premio)

A todos, gracias y suerte.

Dura la vida del tercer Genito

18 septiembre 2008 - 4 comentarios

– Pedaleá!! – Grita frenéticamente mi hermano mayor.

En ese instante empiezo a sentir una brisa de viento que me revuelve el pelo, pensando para mis adentros que estoy cobrando velocidad. Esto sucede una tarde de verano, ante la atenta mirada de los chicos ‘más grandes’ de la cuadra, mis dos hermanos y algún que otro vecino curioso que ante mi veloz carrera al estrellato miran atonitos mientras fingen regar una planta de plastico. Comencé mi travesía a dos cuadras de mi casa, inocentemente pensando que aún conservada mis rueditas plásticas blancas negras a ambos lados de mi primer bicicleta. Tengo no más de seis años según recuerdo, edad suficientemente importante para dar el ‘gran salto’. Pero volvamos 30 segundos atrás.

– Pendex, te voy a empujar un poco y empezás a pedalear y cuando te suelte el asiento vos le das con todas tus fuerzas, ok?

– Si -alcanzo a balbucear- pero no entiendo porque me tenés que empujar si yo….

A esta altura ya estamos yendo a mucha velocidad y siento un fuerte empujón en la espalda al tiempo que escucho el grito con el que empecé este cuento.

Atónito empiezo a sentir que me voy de lado, algo que jamás me había pasado -si mi bici se mantiene sola- pienso. Error nene, eso era cuando arrancaste en el mundo de los biciclos, pero ahora tus hermanos mayores pensaron que tenian edad suficiente y los dientes duros como para animarte a rodar sin tus bienamadas rueditas. Claro que yo jamás formé parte de esa decisión esta claro, no? El primer síntoma de que todo andaba mal fue la sensación de que la bici no se iba a tener sola, que el suelo se me venía hacia arriba a toda prisa, y que la cara de doña Olga que regaba su jardín parecía algo desencajada, supongo que a causa de lo que ella ya sabía que iba a pasar. Miré fijamente hacia atrás donde un grupo de chicos me alentaba subiendo y bajando cada mano por vez en señal de que pedaleara, y recuerdo que vi algo que me aterró en ese instante: mi hermano no podía mover las manos para alentarme, porque sostenía algo entre ellas: mis rueditas…

Empecé a pedalear con todas mis fuerzas para intentar recobrar el dominio de la bici y poco a poco el vaivén de lado a lado se fue centrando y descubrí que podía andar en línea recta. Como por arte de magia mi miedo se había ahora transformado en alegría y a medida que avanzaba por el centro de la calle me sentía triunfal y superdotado, después de todo había aprendido a andar sin apoyo, asentado solamente en dos ruedas! Mi cara había mutado para transformarse en una amplia sonrisa y mi pecho se había inflado como quien ha conquistado la luna, bueno al menos así lo sentía yo en ese momento. Pedaleé, pedaleé cada vez mas fuerte, cada vez más rápido los árboles, las casas, los autos, todo pasaba por mi lado cada vez a mayor velocidad. Quise que ese momento durara por siempre, que me vieran los vecinos, los otros chicos, mi primer novia vecina, mis viejos, todos! Sonreía para cada lado y saludaba cual Juan Pablo segundo a bordo del papamóvil. 

Y entonces me dí cuenta. Estaba llegando a casa. Esas dos cuadras habían pasado demasiado rápido y mis 15 segundos de fama llegaban a su fin. Quería frenar en casa y llamar a mis viejos para que me vieran, pero frenar no era una maniobra que dominara. Hasta ese momento, hubiera bastado soltar los pedales y dejar que el envión se acabara y mis rueditas mantuvieran la bicicleta de pie, pero eso ya era parte de la historia ahora. De modo que, en esa fracción de segundo que duraron los ultimos treinta metros, mi ingenuo cerebro de niño empezó a pensar en modos alternativos de detenerme. Recuerdo que la unica opción que me pareció viable, era acercarme los más posible al cordón (puesto que no llegaba desde el asiento hasta la calle con mis cortas piernas) e ir bajando la velocidad para finalmente apoyar un pie en la vereda y solucionar el problema. Así de simple me pareció. Já.

El cordón se acercó demasiado rápido, inversamente proporcional a la manera en que yo bajaba la velocidad, de manera que la rueda delantera de mi bicicleta chocó casi de frente con la vereda, en una maniobra tan brusca que mis manos saltaron del volante, perdiendo absolutamente toda chance de poder tomar control de la situación. Después de eso todo fue verde y rojo. Verde por el pasto del cantero de mi vereda. Rojo por la estrellada con que mi cara terminó de frenar la travesía contra el árbol del frente de casa. Cuando todo terminó y logré recobrar el sentido, vi que venía corriendo hacia mí mis hermanos, los chicos, mi mamá que había mirado impotente por la ventana de la cocina como su hijo más chico tallaba la corteza del arbol con su dientes de leche, y mi vecina doña Olga, que sabiamente me había anticipado con su mueca desencajada que esa iba a ser el final de la aventura….

Cuando mi hermano llegó a mi lado soltó un ‘estás bien pibe?’, a lo que respondí:

-É chacashte as dueditash…. – al momento que escupía parte de mi joven dentadura.

Y creo haber visto una mirada de satisfacción en la cara de mi hermano cuando dijo:

– Viste? crecer duele pendex….

En casa le decíamos suflé

13 junio 2008 - 6 comentarios

Eran tiempos de pura inventiva culinaria. Era época de plena hiperinflación en la que la comida costaba más cara a medida que te la ibas comiendo. Para graficarlo, si el primer raviol costaba 50 centavos, para la hora de terminar el plato cada bocado salío 100 pesos. Así las cosas, ese último raviol que quedaba en el plato valía más que todo lo que te habías comido, y no nos podíamos dar el lujo de desperdiciar comida. Aplicando la máxima de la energía por la cual nada se pierde, todo se transforma, mi madre solía acumular todo lo que iba quedando en el ‘táper de las sobras’.
Como en muchas familias clase media como la mia, que ambos padres trabajaran era cosa normal, y mi vieja debía repartir su tiempo entre la tarea docente para chicos ajenos por la mañana, y docencia para los chicos propios por la tarde. En el medio debía buscarnos en el colegio, preparar el almuerzo, lavar la ropa, planchar las camisas de mi viejo, limpiar los pisos (que nosotros gentilmente nos encargabamos de ensuciar volviendo de la plaza embarrados hasta las pestañas), llevarnos a basquet, regar las plantas, pasear al perro, colgar la ropa, buscarnos en el club, ponernos a hacer la tarea, lavar los pisos, entrar al perro, descolgar la ropa, planchar las camisas, cambiar las sábanas, lavar los pisos, ponernos el pijama (tarea harto dificil teniendo en cuenta que somos tres varones y mientras uno estaba arriba del arbol, el otro andaba en bicicleta y el otro jugaba a las escondidas en la cuadra), preguntarnos si habiamos hecho toda la tarea (momento en que uno decía: ‘si…..ah! mañana tengo que llevar un planetario a escala de pelotas de telgopor y un quemador que simule el sol’), reponerse del infarto, chequear las cuentas por pagar, retar a mi papa por el volumen del televisor, corregir chorrocientos tigirisiete examenes de biologia e irse a dormir.

Esa rutina liviana se iba complicando con el correr de los días de la semana, en la que se iban apagando en ella tanto las ideas culinarias, como los ingredientes de la alacena, casi al mismo ritmo que crecía el temido ‘taper de las sobras’. Y entonces, en el medio del caos y la confusión, y tras una cómplice cortina de humo escondedora, aparecía el amarillo brillante de la olla Essen acompañado de un sonor ‘chiiiiiiiiicos, a comeeeeeeeer!’. A partir de ahí, luego de encomendar nuestros estómagos al señor, destapábamos la olla para ver aparecer los fideos del lunes, las milanesas del martes, la mayonesa de ave del miercoles, la tortilla de zapallito del jueves, el osobuco del viernes y el queso cremoso por kilo, todo acolchado sobre una tapa de tarta pascualina y fraguado con tres huevos batidos con sal. Ante la obvia pregunta mi mamá largaba con su mejor acento francés un ‘Pero si esto es un suflé de l’farfué!’ ante nuestra atónita mirada, creando tal confusión que nos dejaba sin argumento de refutación posible.

Nuestra ignorancia tanto del francés como de las artes culinarias, hacía comernos tan intrincada mezcla secreta en el mayor de los silencios, temiendo dañar la autoestima de nuestra cheff de turno. Es así como apañada por nuestra corta edad mi madre perfeccionó su arte del reciclaje alimenticio, poniéndole nombres cada vez más franceses con una inventiva digna de la admiración.

En casa alguna vez tal vez faltó plata, pero una cosa es segura: jamás faltó imaginación.

Cinco y Diez

2 mayo 2008 - 10 comentarios

Cinco y diez. Como cualquier otro miércoles el radio reloj anuncia una vez mas la tragedia de otro día laborable que comienza. Escucho ‘unchained melody’ en la voz del grupo políglota Il Divo. Pucha que ganas de arrancar el dia con esa canción. Claro, pienso que el programador no estaba precisamente pensando en tratar de levantar a nadie sino más bien de ayudarte a dormir. En fin, resignado a no encontrar una excusa creíble que me permita quedarme en la cama, me incorporo y salgo enfilando para el baño. La ducha matinal es la ultima salvación. Sin ella hay ciertas partes de mi sistema nervioso que se niegan a abandonar el letargo del sueño incompleto.
No me cabe duda, las seis de la mañana es un horario demasiado cruel para iniciar la jornada de trabajo. Mientras el agua caliente me masajea la nuca, pienso que hoy tendré que lidiar con muchas tareas fastidiosas, personas malagradecidas, situaciones complejas e ineludibles. Afuera hace frío y seguramente el auto tardará en calentarse, hasta el momento mismo en que haya llegado a mi destino. Pienso que seguramente este mes no podré dejar pasar el tema del rulemán que chilla. Me tiene loco y sin embargo en una peligrosa combinación de falta de tiempo y dinero, sobre todo de esto ultimo, hace 2 meses que lo vengo posponiendo. Que dia es hoy? Cuando cobro? Mierda, falta mucho.
Salgo de la ducha para secarme, lavarme los dientes y peinarme. Prendo la luz del pasillo. De esta manera, la mujer que duerme en mi cama no se despertara aun. Entro sigilosamente en la habitación y la observo. Las sabanas me describen la juventud en su maximo esplendor. Sigo las curvas de su cuerpo, desde esos bellos pies hacia arriba, donde me encuentro que las idas y vueltas de la noche han dejado un pequeño obsequio a la vista. Puedo ver que la sabana cubre parcialmente una figura que a esa hora de la mañana me detiene de todos mis pensamiento negativos, y pienso si realmente soy merecedor de semejante espectáculo. Ella no lo sabe, pero la miro muy despacio, mientras continuo la linea ascendente hacia su espalda, tan perfecta como esas propagandas de cremas que prometen falsamente a señoras mayores esta misma textura de piel de durazno que ahora contemplo. Rio por dentro. Ilusas.
Sobre la mitad de la espalda se entremezclan cabellos tan enrulados que perfectamente podrian ser moldes de sacacorchos. Y río pensando en las veces que la he visto en una lucha despareja con un aparato caliente en la mano que le permita alisar esos rizos naturales, mientras tantas otras usan el instrumento opuesto para poder formar los rulos que ella se empeña sin éxito en deshacer. Entonces veo su cara. Ese rostro que aun esta desenchufado del cerebro, inmerso en un profundo y pacifico sueño iniciado tan solo un par de horas atrás.
Me acerco lentamente a la cama, me siento en el borde y arrimo mi cara a su cabello. Aspiro profundamente el perfume de la mujer que comparte esa cama conmigo. Ese aroma que aunque me quedara ciego de repente podria hacerme distinguirla a kilómetros a la distancia entre una multitud. Me quiero impregnar de eso, de ella, de ese momento en que el sueño es presa de su respiración pausada. Entonces mientras acaricio suavemente su frente, se despierta con una sonrisa de lagañas y desde el fondo de sus ojos me descubre y pronuncia la unicas dos palabras que necesito oír para terminar de juntar fuerzas: te amo….
Beso su dulce boca mientras susurro un ‘yo tambien’. Mi dia repentinamente acaba de cambiar. Y eso que aun no ha empezado. Suerte para mí.

Un martes cualquiera

2 mayo 2008 - 2 comentarios

Su vida fue vertiginosa desde un principio. Nacido en una aristocrática familia argentina, fue impulsado desde niño a convertirse en alguien importante. Sus padres lo estimularon brindándole todas las ventajas que el dinero podía comprar. Claro, era hijo único, toda la atención de la familia se centraba en él, desde sus primeros pasos siempre estuvo alentado a superarse. Era el orgullo de Walter H. Simmons padre. “Serás tan importante que tu nombre aparecerá en los periódicos”, le decía siempre. Esa frase le retumbaría en su cabeza luego, por las intrincadas vueltas del destino.
A medida que él fue creciendo, las palabras de su familia hicieron mella en su inconciente, por nada del mundo él los defraudaría. A tal punto fue así que se esforzó en cuanta actividad emprendió. A pesar de asistir a los mejores establecimientos educativos, allí donde solo la más selecta clase social podía acudir, él sobresalía por sobre los demás. Nunca fue uno más del montón. En su escuela primaria, el colegio bilingüe San Pedro Apóstol, logró no solo ser abanderado, sino además obtener el mejor promedio histórico de la institución, Lo mismo habría de hacer en el secundario, del cual se graduó en tan solo 4 años, una vez mas presionado por sus padres. “No pierdas el tiempo, tu verdadera vocación empieza en la universidad, no seas mediocre como el resto de tus compañeros”, solían decirle. Para cuando obtuvo su título de bachiller mercantil con orientación en el comercio exterior del Colegio Alemán, apenas si tenía una incipiente barba. Y es que él mismo había aprendido a creer que debía ser más que el resto, que conformarse con lo mínimo era para perdedores y gente sin ambición.
La universidad no sería la excepción. La Universidad Católica solo sería un trámite más de su extensa educación, de la cual se graduaría como Licenciado en Comercio Exterior, a la corta edad de 21 años. Ese iba a ser el último año que pisara suelo argentino, solo que él jamás lo sabría.
Luego de obtener su MBA en harvard, y con más título académicos que amigos, iba a convertirse en el Jefe del departamento de transacciones internacionales en el World Trade Center. La mañana en que recibió la carta de congratulaciones a la puerta de su dormitorio universitario, el primer pensamiento que le vino a la cabeza fue: “Estoy en la cima del mundo”. Y le sobraban motivos para creerlo. Su carrera había sido abrumadora, incluso para sus colegas locales, y no había nada que lo hubiera detenido en su escalera al triunfo con el que tanto habían soñado sus padres. “Si hasta tengo nombre de famoso”, pensó mientras imaginada su placa en el lustroso escritorio de su nueva oficina: “Walter H. Simmons Jr.”, en letras doradas sobre fondo negro, como siempre lo quiso.
El primer tiempo de experiencia laboral, fue fructífero por donde se lo mirase. Había obtenido el respeto y apreciación de sus compañeros de trabajo y su personal a cargo. Hasta se ganó el apodo de “Spanish Shark” por su habilidad para manejar los negocios, en los que nunca le tembló el pulso a la hora de tomar decisiones difíciles. “Nací para esto”, se repetía una y otra vez. Y es que en verdad no podía estar más satisfecho con el resultado de tanto esfuerzo

Tan solo tres meses habían pasado cuando se compró el auto que siempre imaginó, el Ford Mustang GT 1966 totalmente restaurado. El mismo con el que iba al trabajo todas las mañanas desde su residencia en la quinta avenida de Manhattan, un lujoso departamento de 3 dormitorios y vista al central park
Esa mañana, una de las ultimas calidas de lo que quedaba del verano, se levanto especialmente optimista. Debía reunirse con los inversionistas españoles por lo que se sentía a gusto de poder hablar su idioma, y porque al fin y al cabo compartían su misma sangre latina, siempre había disfrutado el trato con este tipo de gente. De manera que se levantó un rato más temprano de lo habitual, se duchó y encendió su plasma para escuchar las noticias de la mañana. Nada le llamó la atención. Cuando terminó su desayuno, se encaminó rumbo a su trabajo, estacionó bajo la torre norte y subió los 89 pisos en el ascensor que lo llevaba hasta la puerta de su oficina.

– Good morning Pam, any news for me? – Saludó a su secretaria-
– Good morning Mr. Simmons, still no messages, it’s early right?
– Yes, I came earlier to prepare myself for the meeting.
– Right, I´ll let you know as soon as they arrive.

Eran poco más de las 8:30 de la mañana del 11 de septiembre de 2001. Entró en su oficina, se sentó en su cómodo sillón de cuero y comenzó a revisar los papeles con información que le había preparado su secretaria el día anterior. Entonces, y sin motivo alguno, giró su cabeza para observar el paisaje que se extendía a través de la enorme ventana de vidrio. Y lo vió. El instante en que toda su vida pasó frente a sus ojos fue tan solo un suspiro: libros, más libros, medallas, exámenes, conferencias y reuniones de negocio. No pudo recordar en sus 24 años un simple momento con amigos, un partido de fútbol,  su primer beso o su primera vez, tal vez porque nunca existieron. “Estoy en la cima del mundo….”, fue su ultimo pensamiento

El vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la torre norte del World Trade Center  a las 8:46 AM. Su nombre aparecería finalmente en el NY Times, en la página 3 de la sección sucesos, al margen derecho bajo un pequeñisimo título: “foreign victims of the terrorist attack”. Algo muy distinto a lo que su padre alguna vez había imaginado.

Mea culpa

8 abril 2008 - 5 comentarios

En otros tiempos mas revolucionarios de mi personalidad quizás hubiera salido a despotricar e insultar a mi país, a sus dirigentes, a sus políticos, a los periodistas sensacionalistas, a los piqueteros, a los represores, a los curas, a las amas de casa, a los bomberos, a los perros chihuahuas y a las hormigas coloradas. Todos ellos hubieran sido motivo de mis insultos mas vulgares para poder descargar la ira que despierta un momento como el que hoy por hoy atraviesa mi querida Argentina
Los años, y tal vez las repetidas veces en que uno se golpea contra paredes infranqueables que no dan respuesta, han logrado hacerme recapacitar, pensar, masticar y amigarme con la idea de que hecharle la culpa a los demas no resuelve nada
Por eso hoy quiero desde este humilde espacio hacer un mea culpa y decir: señores, la culpa tambien la tengo yo. Si. La tengo porque yo también quiero que bajen el precio de la carne, la verdura, los alquileres, el cable, los servicios, las computadoras, la nafta, los peajes, los pasajes en avion, las sibaritas y las salchichas bienisimas. Claro, y tambien que me suban el sueldo. Pero justamente en este tragicomico listado que acabo de enumerar de cosas caras, se encuentra todo lo que a mí me concierne. Y creo no equivocarme cuando digo que esa es un poquito la actitud de todos hoy al querer hacer un cacerolazo cuando el que tocan es MI bolsillo. Si suben las retenciones al agro y yo no tengo campo…..y bue. Si implantan el corralito y yo no tenia ahorros en el sistema financiero….y bue. Si decretan la depreciación de mi moneda y yo no tengo bajo el colchon billetes verdes o de tamaños extravagantes….y bue.  Ahora, cuando el que toquen sea mi bolsillo, ahí si salgo a  hacer piquetes, quemar cubiertas, reventar cacerolas, prender pirotecnia pesada, cortar rutas e insultar por televisión abierta.
Creo desde este humilde lugar que deberiamos todos pensar en nuestros actos, dejar de lado un poquito nuestro egocentrismo y tratar de tirar todos para el mismo lado. Como me dijo alguna vez un profe  de la Fac. ‘En economia TODO se paga’, no puedo yo pretender que me suban el sueldo sin saber que van a subir los precios. Es una simple ecuación matematica. Para aquellos que no estan en la rama de los numeros: supongamos que Juan tiene una vaca. Un dia viendo que todos los vecinos le piden cada dia mas leche, y lejos el de poder abastecerlos a todos, decide que, en lugar de ahorrar para comprar otra vaca y poder vender mas leche, hará mejor negocio vendiendo la poca leche que tiene a un precio mas alto. Tiempo después el empleado de Juan que le ordeña la vaca le dice: patrón disculpe, pero Don Victor que hace manteca con la leche que Ud. Le vende tuvo que subir el precio porque claro, Ud. Le subio el precio de la leche. Y Don Jose, que fabrica quesos con la leche que Ud. Le vende, hizo lo propio con el queso fresco por la misma razon’. ‘Peor aun’ –dice el empleado- ‘Don Hugo el panadero dijo que como la cuesta mas caro comprar leche, tuvo que subir el kilo de pan para poder pagar el aumento, asi que como verá Ud. Don Juan, no me queda otra que pedirle que me aumente el sueldo porque yo ya no puedo comprar los viveres que necesito para vivir dignamente como hacia antes….’
Este ejemplo simple en extremo intenta explicar que la economia es un circulo, y que todos los que formamos parte de él, desde el productor, pasando por el distribuidor mayorista, el minorista, el transportista y el consumidor final tenemos que parar la pelota que hacemos girar nosotros mismos, dificultando cada dia mas el ya complicado ejercicio del dinero. Le digo a los productores BASTA de aumentos indiscriminados y sin otro fundamento que el del enriquecimiento a corto plazo sin inversiones. Le digo al gobierno BASTA de quere meter la mano en la lata de los que laburamos y los que producimos, para pagar una estructura innecesaria de acomodados favorecidos. Le digo a los sindicatos BASTA de querer lograr bajo presion, amenazas, fuerza bruta, piquetes y demas yerbas aumentos de sueldos irrisorios que las empresas no pueden pagar, con el objetivo de ‘defender’ el bolsillo de los compañeros trabajadores, cuando en realidad solo buscan abultar los bolsillos de las mas altas cabezas de estas organizaciones. Le digo a los empleados ñoquis BASTA de vivir de la teta del estado, de ganarse la vida a costa de los impuestos del resto. Le digo a los exigentes BASTA  de pretender ligar todo de arriba, de creer firmemente que el hecho de no tener lesotorga la posibilidad de ‘tomarlo’ o de ‘arrebatarlo’ o de ‘exigirlo’ por medios ilegales y muchas veces inhumanos, las cosas se ganan en la vida a fuerza de laburo y sudor
Y me digo a mi BASTA de pretender que todo se solucione como por arte de magia, de esperar que sea otro el haga las cosas, el que resuelva mis problemas, el que se encargue de mis preocupaciones.

Empecemos todos a pensar, a actuar racionalmente y no motivados por las emociones violentas, que nos llevan a cometer actos de los que después podemos arrepentirnos, de los que se proyectan imágenes al mundo de un pais que no funciona y de dejar a las proximas generaciones un caos irreversible.

Argentina es mi pais, y viera que lindo es mi pais, paisano, si usted lo viera como yo lo vi.